Ventana sin puerta

Ventana sin puerta

Hay días en que me levanto a las seis de la mañana sin ayuda del despertador. A veces, incluso a las cinco. Hoy son las 5:50 a.m. Abro esa ventana con la que hago las paces cada día. Entra una brisa que aún no está contaminada de maldad por el básico hecho de que la mayoría de la gente sigue dormida.

Me preparo un café calentito. Lío un cigarro. Me siento en la butaca de paz mental cuya estructura es tan férrea que no le caben monstruos debajo, y disfruto de ese sopor inviolable hasta que me interrumpe el primer muñeco de barro del día.

La ventana es una puerta diferente.

Ya no habrá mosca que me cercene la sonrisa. Por muy bonito que vuele.

© Sara Levesque 2021

2 pensamientos en “Ventana sin puerta

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