El día que nos vestimos de verde menta

El día que nos vestimos de verde menta

Si te confieso que me gustas, puede que te asustes, que te disgustes o que mis besos degustes.

Si te susurro a parpadeos que no dejo de pensar en tu pestañeo, sobre todo cuando no te veo, puede que nos atrevamos a tontear en un flirteo o que te decantes por aplicar la función de WhatsApp de bloqueo.

Si te revelo que, de tu lengua estoy hambrienta, puede que me dejes con el Alma harapienta o se den las circunstancias para que volvamos a unirnos vestidas de verde menta.

Si te sugiero que demos el paso es porque sé que esto no se viste de fracaso, tu carácter de tono raso me da fuerzas suficientes para acompañarte si te percatas de que vas con retraso.

No voy a ser yo quien apague el fuego de esto que, para mí, no es un juego. Mi corazón no está ciego. Si se ha fijado en ti es porque siente más esperanza que desasosiego y se encuentra feliz de que le hayas devuelto a la Vida –no lo niego–, aunque tu respuesta sea un definitivo «hasta luego».

© Sara Levesque 2021

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