No fue solo un beso

No fue solo un beso

A veces quiero ser tu septiembre de aspecto ámbar para que estemos unidas en el mismo color, cada una con su perspectiva particular. Para ti, tono naranja relacionado con el Sol y su calor; para mí, el otoño que nos reunió.

Desde entonces, he buscado ser el torrente de lluvia tras tu parpadeo, enseñándote a nadar cuando la tristeza te sacuda con sus rudos meneos, y que mi escueto cuerpo te sirva como tabla de salvación en los momentos en que solo puedas respirar entre ensordecedores jadeos.

No fue solo un beso. Fue un latido a tiempo en mi mejilla ardiendo. Un primer avance para ver si correspondía pasar a la acción de llevar hasta tus labios mi Corazón. Pero las prisas, la noche y el miedo a asustarte acoplaron en mi cadena de errores otro eslabón… Observé cómo te marchabas por aquel paso de cebra que me dejó rayada tropezándome con mi propio pisotón inerte, pero fue más empinada mi acera plana que la calle por la que desapareciste de repente.

No fue solo un beso y, por no dar el paso siguiente, me quedé como los fantasmas: con un asunto pendiente. Ahora que el tiempo es incierto y no sabemos cuándo volveremos a tenernos enfrente, me entra prisa por confesarte lo que mi Corazón por ti siente. Solo espero no esperar demasiado, no vaya a ser que repita la jugada del pasado y, para siempre, lo lamente.

© Sara Levesque 2020

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