Adicción

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Adicción

Lo confieso: soy alcohólica.

Me revive el éxtasis de beber de lo prohibido –amo todo lo clandestino–, y sentir su resquemor bajándome por la garganta. Sé que, a la larga, mi adicción podría hacerme más mal que bien, pero en la terapia no me logran ayudar. Se escudan en que no existe un programa para mi dependencia. Me han dado por perdida.

Ese licor es más venenoso que la absenta, que beber amoniaco y que escribir con faltas de ortografía. Pero cuando lo ingiero le crecen flores a todas las pesadillas y el mundo me dedica, por un momento, una sonrisa infinita que puedo declarar como propia; aunque dure tan solo un segundo, me siento ganadora.

De modo que continúo emborrachándome sin descanso con el líquido más peligroso de todos: el que lubrican tus besos.

© Sara Levesque 2020

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