Igual soy demasiado sincera pero no me importa

igual soy demasiado sincera pero no me importa

Igual soy demasiado sincera pero no me importa

Me gustas tanto que daría lo que fuera por tus pelos en mi ducha.

Porque inundaras mi almohada con tus legañas igual que inundas mis noches con tu espectral recuerdo.

Porque dejaras los cajones a medio camino entre abrir y cerrar, entre tu bien y mi mal y yo tuviera que ir detrás de ti para ponerlos a mi gusto y luego estrangularte con cariño por detrás.

Porque no sacaras la cabeza del móvil que tanto odias y tuvieras encendida al mismo tiempo la televisión, gastando luz a lo tonto.

Porque, sabiendo que hablo poco, me interrumpieras constantemente y, para sacarme una sonrisa pícara, acabaras las frases por mí.

Porque insistieras siempre en ponerte tú encima… en las conversaciones, me refiero.

Porque antepusieras tu trabajo a mis sentimientos —eso no tiene nada de malo, yo hago lo mismo—.

Porque la mayoría de los días nos alimentáramos con comida «ovoveguevariana» o como se diga, esa que te encanta y a la que yo me adapto sin problemas porque soy de natural pasota y no me gusta discutir por tontunas.

Porque quisieras ver abrazada a mí en plan romántico cursi una peli ñoña que a mí me aburre hasta la náusea y, a los dos minutos, te quedaras dormida con el mando escondido bajo tu cuerpo, imposible de ser rescatado y yo acabe la velada con el brazo gangrenado.

Porque toquetearas sin permiso lo más sagrado que atesoro en el plano terrenal: mis libros, cuadernos y el bolígrafo de punta fina que tanto adoro.

Porque me preguntases cien mil veces en una hora «¿estás bien?» y yo sacara a relucir los tendones de mi cuello ante el odio que guardo hacia tal cuestión solo para relajarlos al instante, mirarte y susurrarte «sí, mi Amor, tranquila» —hasta que volvieras a preguntármelo, claro—.

Por dejar de decir palabrotas y ver a tus espaldas South Park, un recuerdo de mi infancia que siempre me hace sonreír y me ayuda a pasar las malas rachas.

Por cambiar los besos en el filtro del cigarro por mimos perfumados en tus labios.

 

Igual soy demasiado sincera, pero no me importa. Daría lo que fuera por conocer tu aspecto más vivo y también el más oscuro en vez de subsistir entre cafés edulcorados con cianuro, con tu recuerdo en este solitario lado de la Vida en el que, por no atreverme a confesarte todo esto y mucho más, cada día con mi silencio me torturo.

© Sara Levesque 2020

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