Nana nocturna

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Nana nocturna

Cuando sufro de miedo o no obtengo la respuesta que deseo, miro al cielo con gesto inservible. El espanto se agudiza en la noche, casi es tangible. Observando el techo más alto puede que hable con mi Dios más creíble, quizá le susurre un millón de dudas a cada estrella inasible o me limite a trazar la silueta de todas las constelaciones con mi dedo más flexible. En cualquier caso, el silencio de la noche me mece con su nana nocturna tan apacible, apartando de mí las memeces más punibles.

Aseguras que la Primavera florece en mi mirada ilegible y yo que tú eres un gran Otoño asequible. Tus finos cabellos son helechos sedosos y sensibles que trenzan con la brisa un tango irresistible. Junto a tu sonrisa, te transforman en una mujer indestructible. Y yo intento dormir preguntándome, en el destierro nocturno, por qué añoro tus caricias invisibles, por qué tu ausencia me ha alcanzado de modo tan increíble, por qué no nos atrevemos a comprobar que la poesía que nos une es deliciosa siendo incorregible.

Al final, el rumor de día me entrega la única respuesta que soy capaz de soportar: duerme y déjate de bobadas horribles, mañana será otro día y, quién sabe, todo es posible.

© Sara Levesque 2020

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