Adivina quién soy

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Adivina quién soy

Y allí estaba yo, tembloroso y rojo de rabia por un miedo incoherente a no llegar hasta ella, lo confieso. Al mismo tiempo, se me caía la baba solo de pensar en que pronto podría extirparme de mi interior este peso. Me relamía y comprobaba mi olor para no asustarla en el proceso. Sería capaz de plantarme en su mano con mi aspecto más travieso, decorarle una servilleta, componer tonalidades en un cuadro o inmortalizarme en su dormitorio, esparciendo mi esencia en todo el yeso.

Por un lado, me sentía petrificado por la emoción, bien tieso. Por otro, el miedo a hacer el ridículo o que se me adelantaran, me dejaba el Corazón en los huesos. Cuando se trata de mí, mal vamos si entra en juego la imposición de los sesos.

Luego pienso que robarte uno de los míos es como un disparo al Alma del que saldrás ileso, para que después te envíen a la cárcel ideal, donde querrás permanecer preso. Puedes aprender mucho sobre ti mientras maduras en tal progreso. Al margen de todo, siempre voy a ser para ti un momento al que nunca te negaré el acceso. Podrás enredarte conmigo hasta tu deceso.

Otorgado con la sinhueso, soy y siempre seré un beso.

© Sara Levesque 2019

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