Desvío, 2ª parte

desvío 3

Había olvidado cómo sonreír, hasta que me miraste, enseñándome que los labios también pueden estirarse hacia atrás. Algunas veces nos rozamos las manos casi sin tocarnos, como si se susurrasen secretos. Como si tu piel quisiera fundirse con la mía, pero solo a pellizcos. O viceversa. Y algunas veces se levanta brisa, acercándome el olor a romero de tu pelo, encantando con su exquisito veneno a todo mi ser.

A veces te miro, preguntándome qué clase de encantamiento posees. Y por qué me embrujas tanto. Y a mí me encanta descubrir que, en realidad, me da igual si lo averiguo o no.

 

© Sara Levesque 2017

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