Fin del mundo

 

ushuaia

Detrás de él surgía el mar, descomunal y profundamente interminable. En esa parte de la ciudad se encontraba irascible. Al ser el extremo del continente, los vientos no tenían tierras alrededor que les limitasen. Podían bailar tan rápidos y coléricos como quisieran, componiendo un baile bramador, furioso y aullador.

Detrás de él estaba el mar. Detrás de ese cartel, imperioso y solitario. Un cartel tallado en madera, con letras impresas del color más completo de todos: el blanco. Un cartel que separaba el punto más austral de Argentina, tierra cristalina, con el comienzo del continente siempre nevado: la preciosa Antártida.

Ruth Freespirit permaneció de pie, observando emocionada el horizonte. Para los ojos urbanos no era más que la visión hermosa pero simple de mucha agua. La vista de aquel espíritu libre descubría caminos invisibles, ideas prometedoras, esperanzas renacidas.

Con su vida metida en una mochila, miró el cartel, de nuevo al mar, y sonrió. Anunciaba lo que parecía una futura realidad: “Ushuaia, fin del mundo”.

 

© Sara Levesque 2017

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