Uno, diez, nosotras…

uno, diez, nosotras

Un beso

repartido en dos tiempos.

Ni tres cenas a tu lado

ni más de cuatro(cientas) cervezas en el cuerpo,

lograron arrancar las cinco letras

que tardé seis años en decirte.

Ojalá los gatos me prestaran una de sus siete vidas

para trasnochar contigo aunque sean las ocho de la mañana,

suplicando que no te marches hasta las nueve de una noche muy lejana.

Y si lo haces, contaré hasta diez antes de echarte de menos.

 

Y yo le seguiré confesando al horizonte, como cada amanecer,

que no existe un número capaz de contar lo mucho que te llego a querer.

 

© Sara Levesque 2017

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