Amarillo

amarillo

Con la vista puesta en el punto donde el horizonte se confunde con la ciudad, empecé a sentirme un poquito mejor, a pesar de la nostalgia. El sol, con su enérgica claridad, ayudaba, aunque yo me empeñase en vivir en su cara oculta.

Desde el banco del parque contemplé los arbustos, que ya dejaban entrever las tonalidades otoñales. Un chiquillo subido a una bicicleta amarilla pasó muy cerca de donde yo te soñaba. Recordé cuando recorríamos la ciudad en bici, meses atrás. Una pelota de fútbol fosforescente era pateada sin piedad cerca de mí.

El día y sus elementos parecían rodearme con su claridad, como si notasen mi pena y me abrazaran. Todo ello me hacía sentir bien. Pensando que en aquellos instantes todo parecía sospechosamente amarillo caí en la cuenta de algo: no sé cuál es tu color favorito. Espero que me lo digas si nos volvemos a ver algún día.

 

© Sara Levesque 2017

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