Mi doble

mi doble

Hoy, en el metro, me ha llamado la atención el físico de una mujer. No tenía un cuerpo de escándalo, ni curvas tentadoras por las que perder la cordura. Tampoco era muy alta. Ni siquiera joven. Rondaría los cincuenta años. Una mujer normal de mediana edad con aspecto de buena persona. Pero era idéntica a mí.

La expresión de su cara, calcada de la mía, era misteriosa, con media sonrisa ladeada, como si guardase un secreto. Hasta su postura de indiferencia se me antojaba propia. El mayor impacto me lo llevé cuando nos miramos. Sus ojos, grandes, expresivos y de un profundo color avellana, se cruzaron con los míos un instante. Suficiente para reflectarme en ellos.

Cuando avanzó hasta la puerta del vagón, observé la parsimonia de sus movimientos. Así son mis andares también: lentos, flemáticos. Se bajó y sentí cómo me alejaba con ella. ¿Era mi espejo? No. Era mi reflejo.

Parecía feliz y alegre. Más sabia o más cascarrabias, vete a saber…

Dicen que todos tenemos un doble. Nadie dijo que tuviera que ser de la misma edad.

Encantada de conocerme.

 

© Sara Levesque 2017

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